Opinión: Fue Fernando. Podría haber sido cualquiera.

El brutal y cobarde asesinato a Fernando Baez Sosa de 18 años cumplió una semana y sigue en tapa de los medios nacionales.

Por Gonzalo Colidio

La muerte de Fernando Baez Sosa no para de conmovernos, de preocuparnos, de llenarnos de bronca. El caso es más que conocido por todos, ya que hace una semana está en agenda en todos los medios de comunicación del país, pero a una semana del lamentable hecho, no está de más repasar y dejar bien claro lo sucedido.

Fernando Baez Sosa, de apenas 18 años, disfrutaba de sus vacaciones en Villa Gesell junto a sus amigos, junto a su novia, junto a la gente que lo quería. El pasado viernes 17, o mejor dicho la madrugada del sábado 18, todo lo lindo, agradable y relajante que puede traer un descanso junto a tus seres queridos, se transformó en una pesadilla.

Fernando salió a bailar junto a sus compañeros, como cualquier joven. Pero no sabía que era la última vez. No pensaba que una salvajada como la que le tocó vivir, acabaría con su vida.

Todo comenzó, según dichos de testigos en el lugar, con una discusión adentro del propio boliche. Por una mancha de vino en una camisa, por algún entredicho, por lo que sea. Absolutamente nada justifica lo que pasó después.

Tras esta discusión, el propio Fernando junto a uno de sus amigos decidió irse del lugar, y fue ahí donde estos 10 salvajes lo persiguieron para continuar con lo que habían comenzado. No sé lo puede denominar como discusión, ni como pelea. No encuentro en realidad forma de denominarlo aún hasta el día de hoy.

En plena calle, a las 5 de la mañana, fue donde empezó el final. Un grupo de “amigos”, 10 para ser preciosos (repito la cantidad para que quede claro), decidió impunemente terminar con la vida de Fernando. Unos golpes primero, algunas patadas después y el remate al joven tirado en el piso, inconsciente, asesinándolo de manera inmediata. Una brutalidad y una cobardía absoluta. Algo que una persona en sus cabales no hace.

Y como si nada hubiera pasado, los 10 asesinos (rugbiers, aunque es lo de menos) se retiraron del lugar. En el piso, el cuerpo de Fernando sin vida, mientras una joven le practicó RCP para intentar salvarlo y la desesperación de todos esperando que llegue la ambulancia. Todo fue en vano. Le habían robado la vida y la ilusión a Fernando.

¿Que pasó después? Muchas cosas. Los asesinos intentaron culpar a otra persona que ni siquiera estaba en el lugar, se discutió más por “Rugby si” o “Rugby no” perdiendo el foco, como muchas veces, de lo que realmente importa, que es que haya justicia por este joven asesinado.

Fernando era hijo único. Estudiaba derecho. Tenía sueños y toda una vida por delante. Ayudaba en su ciudad en una gran cantidad de cosas siempre que era necesario. Era un chico más. Fernando podría haber sido yo, o cualquier de nosotros.

Fernando fue víctima de 10 bestias, asesinos, que sin importarle absolutamente nada le sacaron la vida como si no valiera. Fernando merece que de una vez por todas en nuestro país la palabra justicia se cumpla y quiénes arruinaron su vida, la de su familia, la de su novia y todo su entorno paguen con la pena que merecen.

#JusticiaPorFernando